Bordalás renueva. Y lo digo sin rodeos: es lo mejor que le ha pasado al Getafe en años.
Vamos a lo que importa. El Getafe compite arriba con mucho menos que los de arriba. Y aquí, a un entrenador, se le mide por una cosa nada más: cuánto saca de lo que tiene. Y sacando, Bordalás no tiene rival. Tenerlo no es suerte. Es un lujo.
Y esto lo digo como socio. Lo suyo con el Getafe es otra cosa: es que se parecen. Getafe es gente de currar, honrada, de frente, a la que nadie le regala nada y que tampoco lo pide. Gente que sabe que lo suyo se suda, y que sale con la cabeza alta porque se lo ha ganado. No juega para caer bien fuera. Juega para los suyos. Pues eso es el Getafe de Bordalás, clavado.
Ya vivimos lo que es no tenerlo, y se echó de menos. Sin señalar a nadie: con él, el equipo es otro. Se nota cuando está.
Luego está la cantinela de siempre, que si esto, que si lo otro. Milongas. Al Getafe se lo afean porque les fastidia no poder con él. Este equipo gana por fútbol, por intensidad y porque Bordalás casi siempre es más listo que el de enfrente. ¿Y no es eso, exactamente, lo que tiene que hacer un buen entrenador? Pues eso.
Por eso su renovación es una bendición. No firmamos solo a uno que gana. Firmamos a un entrenador que es como somos nosotros. Y un club que se parece a su gente no para de crecer.
