El primer episodio serio de la tarde llegó con el marcador todavía a cero. Junior Firpo entró sobre Francho Serrano en una acción que en el banquillo azulón se leyó como expulsión y que José María Sánchez Martínez resolvió sin sacar nada del bolsillo. Tampoco se llamó desde la sala VAR. La protesta de José Bordalás desde la banda sí tuvo consecuencia: amarilla para el técnico en el minuto 19, la primera cartulina del encuentro.
La comparación es inevitable porque el punto de partida de esta temporada lo puso el propio Getafe. En la jornada inaugural, en Mendizorroza, Kiko Femenía llegó tarde a un balón dividido y vio una amarilla que Del Cerro Grande, desde el VAR, convirtió en roja directa en el minuto 42. Aquel día se argumentó la violencia de la acción. En La Cartuja, en una jugada de naturaleza parecida y también en la primera mitad, el criterio fue el contrario: juego sigue, sin revisión y sin tarjeta. Entre una y otra median cinco semanas y seis jornadas, y el club vuelve a encontrarse explicando que el rasero no parece el mismo según el escudo.
El 1-0 llegó en el último suspiro de la primera parte. Nelson Deossa, elegido después mejor jugador del partido, filtró un balón largo que Abde controló con el cuerpo, con el brazo izquierdo pegado, antes de abrir a la derecha para Antony. El brasileño la puso rasa para Troy Parrott, que casi desde la línea de fondo y de espaldas la devolvió al corazón del área para que el marroquí rematara con la derecha.
El tanto pasó por una revisión de cerca de un minuto centrada en esa posible mano previa de Abde. Se concluyó que el brazo iba pegado al cuerpo y el gol subió al marcador. Lo que no se revisó fue lo que Bordalás señaló al terminar: la posición de Isco delante de David Soria en el momento del remate. «Es un gol un poco extraño porque está Isco delante de David Soria», dijo el técnico, que recordó que «la regla dice que cuando se le obstaculiza al portero, el gol se puede anular». Para el Getafe, la revisión se paró exactamente en el punto que no le convenía: se miró con lupa el brazo del goleador y se dejó fuera del encuadre al portero al que se le había tapado la portería.
La sentencia llegó en el minuto 87. Mario Martín, amonestado desde el 53, disputó un balón dividido con un futbolista verdiblanco y el árbitro entendió que la infracción era del azulón. Segunda amarilla, roja y a la calle, con el equipo todavía buscando el empate y con el añadido por delante.
Las imágenes, sin embargo, cuentan la secuencia al contrario. En el congelado se ve que quien llega primero al pie del rival es el jugador del Betis: su bota se apoya sobre la del centrocampista del Getafe unas décimas antes de que se produzca el contacto que Sánchez Martínez sancionó, y con el balón todavía por delante de los dos. Ordenados así los acontecimientos, la falta no es que no fuera del Getafe: es que era del Getafe a favor. El colegiado leyó la acción justo al revés, y esa lectura no se saldó con un libre directo mal concedido, sino con un jugador menos en el tramo decisivo y con una sanción que priva a Bordalás de Mario Martín para el próximo compromiso ante el Málaga.
Es, además, de esas amonestaciones que muchos colegiados administran de otra manera cuando saben que la siguiente consecuencia es dejar a un equipo con diez. Aquí ni se administró con cautela ni se reconsideró: se pitó rápido, se señaló al que no era y no hubo segunda mirada.
El Getafe había aguantado con orden una segunda parte en la que el Betis acumuló más de tres cuartas partes del balón y más de veinte disparos. David Soria volvió a sostener al equipo con varias intervenciones de mérito, una de ellas ante Antony, que además estrelló un balón en la madera. Enfrente, Álvaro Valles había salvado antes el mano a mano de Iván Azón y sacaría al final un remate a bocajarro de Enes Ünal.
El reparto disciplinario acabó de dibujar el partido. El Betis se fue con una única amarilla, la de Ángel Ortiz. El Getafe, con siete cartulinas: Davinchi, Mojica, Gudelj, Boselli, las dos de Mario Martín, la del propio Bordalás y la de su ayudante Patri Moreno. Siete a uno en un encuentro en el que el equipo local fue claramente superior con el balón, pero en el que la dureza no estuvo repartida de una manera que justifique semejante desequilibrio.
El Getafe llevaba tres expulsiones en seis partidos oficiales antes de llegar a Sevilla (Femenía en Mendizorroza, Abqar ante el Partizán y Zaid Romero frente al Celta) y más de noventa minutos jugados en inferioridad numérica. Mario Martín es la cuarta. Hace diez días, tras el empate con el Celta, Bordalás lo resumió sin rodeos: «Es evidente que no se nos trata de la misma manera». Esta vez prefirió no insistir por esa vía —«no tengo nada que reprochar a mis jugadores», dijo, «estoy triste por los chicos»—, pero volvió a irse de un estadio hablando de jugadas que condicionaron el resultado.
El marcador deja al Betis tercero, con 15 puntos de 18 e igualando su mejor arranque histórico, y al Getafe decimoquinto con cinco puntos y cinco partidos sin ganar. El fondo del asunto, sin embargo, no es la clasificación: es que en este arranque de temporada las jugadas al límite se están resolviendo casi siempre en la misma dirección. Una entrada que en agosto fue roja y en septiembre no fue ni falta. Un gol que se revisa por el brazo del que marca y no por la espalda del que estorba al portero. Y un pisotón que acaba castigando al pisado. Son demasiadas para seguir llamándolo casualidad.



