Seis años. Seis años esperando una noche así, con las bufandas al viento, el Coliseum lleno y el nombre de un rival con historia en el marcador. El Getafe volvía a Europa y se notaba desde los aledaños del estadio, mucho antes de que rodara el balón. Había ilusión de la de verdad, la que no se finge.
Y el equipo salió a la altura de esa ilusión. Los primeros minutos fueron un vendaval azulón. En el 3, Satriano se plantó en un mano a mano que no supo definir; en el 6 fue Femenía quien se topó con la mano de Milosevic; en el 7, Ünal mandó otra al palo en una jugada que el linier acabó anulando. Aviso tras aviso. Hasta que en el 9 apareció Mojica por la izquierda para poner un centro venenoso, de esos que solo hay que empujar, y Ünal lo transformó de volea. 1-0. Y un gol especial: para él, que vuelve a casa, y para un estadio que con Ünal tiene una conexión que no se explica con estadísticas.
El Getafe siguió mandando. Los primeros treinta minutos fueron suyos de principio a fin: un asedio de centros, 64% de posesión y siete disparos frente a uno. El 2-0 estaba mucho más cerca que el empate. Pero a partir de ahí las fuerzas se igualaron un poco y llegó el minuto 43. Seck ganó la espalda a la defensa y la cruzó ante Soria desde una posición imposible, sin apenas ángulo, y el balón se coló. Jarro de agua fría. Era el primer disparo a puerta del Partizán en todo el partido. Europa no perdona: eso es exactamente lo que significa. Al descanso, con dudas.
La segunda parte fue otra historia. El partido se igualó, el Getafe ya no llegaba con la misma claridad y el Partizán empezó a encontrarse cómodo. Jeh estrelló un remate entre el larguero y Soria en el 54, y en el 61 el árbitro señaló un penalti a favor del Getafe que el VAR le hizo retirar dos minutos después: Roganovic había tocado balón antes que a Mojica. Balón a tierra y a seguir.
Y entonces llegó la jugada clave. Minuto 68: Abqar frenó una salida del Partizán con una falta innecesaria en campo rival, con defensores de sobra por detrás, y se llevó la segunda amarilla. Error grave del marroquí, y segunda expulsión en dos partidos de un defensa del Getafe por una falta a ochenta metros de su portería. Es algo que Bordalás corregirá, seguro, porque hoy pudo costar muy caro.
Pero este Getafe tiene alma. Con todo en contra, con veinte minutos y el descuento por delante y con uno menos, se agarró al partido y compitió como solo un equipo de Bordalás sabe competir. En el 74, Ünal mandó al poste un misil marca de la casa con el portero ya vencido. Y en el 87 llegó la calidad: el turco se inventó el arranque de la jugada, se la dejó a Satriano en una posición donde parecía cerrado, y el uruguayo sacó un taconazo de otro planeta para dejarle el gol en bandeja a Andrés García. Su primer gol con la azulona. Delirio en las gradas.
Aún faltaba la guinda. Lejos de conformarse, el Getafe fue a por el tercero y lo encontró en el 90: Mojica recibió en la frontal y golpeó con el alma, abajo, donde Milosevic no podía llegar. Locura total. El colombiano firmó un partidazo: asistencia en el primero y golazo en el último.
Queda un partido, y será en Belgrado, que promete infierno. Pero esta noche deja un sabor de boca enorme y muchas esperanzas para la temporada. Se ha visto a un equipo que ha dado un salto de calidad, que suma ese compromiso que siempre le ha caracterizado y la competitividad que le imprime José Bordalás. Esto promete grandes alegrías. La primera, el próximo jueves.
¡VAMOS GETA!



